Brasil es un gigante. No sólo por la extensión de su territorio y el tamaño de su población, con más de 200 millones de habitantes, también por el importante desarrollo económico que lo ha destacado entre los países latinoamericanos en los últimos años, hasta convertirlo en el líder de la región. Junto con los demás países del grupo conocido como BRICS (Rusia, India, China y Sudáfrica), Brasil está llamado a ser no sólo una potencia de nuestra región, sino uno de los nuevos grandes actores mundiales en los años por venir.
¿Cómo lo ha logrado? La respuesta es sencilla: Perdiendo el miedo. Pese a los vaivenes de la incertidumbre económica a nivel mundial, Brasil apostó desde hace mucho por el desarrollo de su mercado interno y ha permitido el uso de tecnología de vanguardia para el beneficio de su población.
Una muestra indiscutible de lo anterior está en la agricultura. En los últimos doce años Brasil ha decidido hacer uso de semillas genéticamente modificadas, convencidos de que su uso ha contribuido, y seguirá contribuyendo, al desarrollo y competitividad de la actividad agrícola. Claro que no han faltado las voces críticas, e infundadas, sobre el cultivo de transgénicos, pero las políticas públicas brasileñas son claras y categóricas en permitir su uso ante los excelentes resultados que han obtenido.
Es por esto que Brasil ha incorporado la biotecnología agrícola moderna en los cultivos de soya, algodón y maíz. De esta forma sus agricultores empezaron a utilizar semillas resistentes a insectos y tolerantes a herbicidas, como un instrumento para mejorar su productividad e incrementar sus ingresos, hasta convertirse en una potencia agroexportadora.
La decisión de Brasil de perder el miedo al uso de los transgénicos, fue sin duda la más acertada. Según el más reciente estudio de la consultora Céleres, la adopción de esta tecnología, entre 1996 y 2009, ha significado para los agricultores de ese país una ganancia de más de 3 mil 600 millones de dólares, y es una tecnología sustentable por contribuir notablemente a disminuir el consumo de combustibles y de agua en la actividad agrícola.
Estas ganancias corresponden en 78% al cultivo de soya, que fue el primero en utilizar semillas genéticamente mejoradas. El maíz, que se incorporó al uso de la biotecnología en 2008, aporta el 18% de los ingresos, y el algodón, el cultivo más recientemente incorporado, aporta ya el 4% de las ganancias.
En 2010, tres cuartas partes de la superficie sembrada con soya, y más de la mitad del área dedicada al cultivo de maíz, fueron sembradas con semillas genéticamente mejoradas, lo cual implica la tasa de adopción de transgénicos más rápida en la historia. Es así que durante 2010, los productores brasileños sembraron más de 25 millones de hectáreas con semillas genéticamente mejoradas. En México apenas llegamos a las 100 mil hectáreas.
La perspectiva de la consultora Céleres también señala que para el actual ciclo agrícola, tan sólo la superficie de maíz transgénico incrementará su volumen hasta alcanzar más del 75% del total de la siembra y para antes del año 2020, los brasileños habrán pasado de 1.5 millones de hectáreas cultivadas con maíz genéticamente modificado a 11.2 millones, lo cual es un indicador de su visión estratégica para el futuro: producir cada vez más alimentos para consolidar su autosuficiencia y vender el excedente de producción para satisfacer la creciente demanda mundial de granos, o bien, transformarlo en proteína animal.
El éxito de Brasil en la adopción de estos cultivos es algo digno de atención y un caso que en México bien vale la pena analizar, porque mientras allá se han beneficiado por el desarrollo y uso de esta tecnología, en México seguimos atorados en discusiones recurrentes sobre “si serán buenos o no”.
En nuestro país, en medio del temor infundado por apostar a la biotecnología agrícola moderna y los prejuicios de algunos grupos, la implementación de una política pública de largo alcance en materia de biotecnología agrícola no ha podido ser puesta en marcha, y vamos muy retrasados. Para el año 2010, más de 15 millones de agricultores, en 29 países, sembraron estas semillas, para lo cual destinaron más de 150 millones de hectáreas. De este modo se llegó a 15 años de historias de éxito, en todo el mundo, por las siembras de estos cultivos.
En Brasil no temen al desarrollo ni a la ciencia, no temen a las semillas genéticamente modificadas. Una tecnología inocua, sustentable, de la cual millones de agricultores se han beneficiado: al reducir sus costos de producción e incrementar su productividad y por lo tanto sus ingresos. Vale la pena reflexionar sobre el ejemplo que nos representa Brasil. De esta forma Brasil avanza y… ¿México cuándo?
Productores
Publicaciones
Encuesta
Eventos
Multimedia
Brasil avanza y… ¿México cuándo?
Escrito por Alejandro Monteagudo, Director General de AgroBIO México
Publicado en
Artículos


