Un reporte especial publicado recientemente por la revista inglesa The Economist, prende las señales de alarma sobre el tema de la crisis alimentaria a nivel mundial. Señala que habrá problemas graves para alimentar a la humanidad debido a la menor disponibilidad de agua y de tierra cultivable, al incremento del consumo de alimento en los países más poblados del globo, al aumento en el uso de cultivos para producir biocombustibles, a los efectos del cambio climático y a la falta de uso de tecnología entre otros factores.
A juicio de la revista, es urgente incrementar la productividad global y utilizar las herramientas de la tecnología moderna para poder satisfacer esta demanda mundial de alimentos.
Previamente, esa alarma fue encendida también por Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial, quien dijo “Cada vez sufre más la gente pobre y más gente puede caer en la pobreza por el alza y la fluctuación de los precios de los productos alimentarios” Y en marzo la FAO anuncio que se habían alcanzado nuevos records en los precios, que superaron incluso los de la última gran crisis alimentaria de 2008.
Para enfrentar ese desafío, el funcionario afirmó que es preciso, en primer lugar, reconocer que ese flagelo va a atacar a los sectores más vulnerables de la población, en los países más pobres del mundo.
En segundo lugar, dijo, los países más afectados deberían poner en marcha planes de emergencia para incrementar su productividad en la agricultura, con apoyos a los productores que impliquen el derecho a la propiedad y el acceso a semillas, fertilizantes, crédito, infraestructura rural y nuevas tecnologías; el almacenamiento de granos para prevenir crisis y hasta hambrunas, y la conexión adecuada de los productores con los mercados.
The Economist, por su parte, afirmó que la productividad puede incrementarse con el uso de la biotecnología, y que en la actualidad el maíz es el producto que más ha destacado en este tipo de investigaciones. Si la investigación se extiende a productos como el trigo, el arroz y la soya, se habrá dado un paso muy importante en el objetivo de alimentar a la humanidad en el año 2050.
En este contexto resulta, por decir lo menos, inexplicable el retraso que México tiene en relación a la adopción de biotecnología agrícola, una opción que podría incrementar la productividad de nuestro campo, ayudándonos a superar el promedio de producción de 2.8 toneladas por hectárea, acercándonos así al promedio de los productores americanos que es casi cuatro veces más.
Los gobiernos ponen a la producción agropecuaria como un factor de seguridad nacional ya que de ella depende su seguridad alimentaria. Es así que desde hace más de una década, un creciente número de países, tanto desarrollados, como Australia, Canadá y España, en vías de desarrollo como Brasil, Argentina, China e India y recientemente otros como Colombia y Honduras han adoptado la biotecnología agrícola como una herramienta que incrementa la productividad en el campo.
Sin embargo, en México aún no podemos avanzar con las siembras de maíz genéticamente modificado. Desde 2010, se han solicitado varios permisos de siembra de maíz transgénico en etapa piloto para algunas regiones del norte de México, y aún seguimos esperando la respuesta de la autoridad. La experiencia de los más de 20 países, que dedican 47 millones de hectáreas a este cultivo, algunos desde hace ya 15 años, es que el maíz genéticamente modificado es resistente a las principales plagas de insectos y a los herbicidas necesarios para combatir a las malezas; y muy pronto resistente a la sequía, lo cual será de gran ayuda para que las zonas con poca agua incrementen su producción.
Lo que se busca demostrar con las siembras de maíz transgénico en etapa piloto, es el incremento de la productividad y el beneficio económico para nuestros agricultores, el cual está calculado en más de 3 mil millones de dólares. Cantidad que como país pagamos cada año a productores americanos, que sí usan biotecnología, para importar millones de toneladas de maíz transgénico de ese país, para satisfacer principalmente la alimentación pecuaria nacional.
La crisis alimentaria, dicen los expertos, ya llegó a México. El informe 2010 del CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) sobre medición de la pobreza, revela que más de 28 millones de mexicanos sufren carencias de acceso a la alimentación, ya sea porque la cantidad de alimentos que consumen no es suficiente o porque no tienen la certeza de comer al día siguiente, y eso, en otras palabras, se llama hambre.
Si no nos permitimos avanzar con esta biotecnología agrícola, estaremos rechazando el uso de una herramienta cuyos beneficios de productividad están probados a nivel mundial. Entonces, la pregunta obligada para la SAGARPA y la SEMARNAT es: ¿Hasta cuándo los productores nacionales podremos hacer uso de esta tecnología? ¿Hasta cuándo seguiremos beneficiando a productores de otros países? Con estas acciones el campo mexicano está cada vez más lejos de producir los alimentos que el país requiere en cantidad suficiente y de manera oportuna.
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El alimento es lo primero ¿O no?
Escrito por Ing. Humberto Martínez Payán, Consejero Consejo Nacional Agropecuario
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