Al cosechar los frutos y legumbres de diversos cultivos agrícolas, se aceleran procesos de maduración que producen cambios en el color, la textura y el sabor de los mismos. Esto puede complicar el traslado de los productos agrícolas y representa un porcentaje importante de pérdidas en los mercados, especialmente en frutos tropicales y verduras de cáscara delgada.Al ‘apagar’ parcialmente el programa de maduración, modificando genes y proteínas de la misma planta que regulan estos procesos, es posible alargar el período de frescura del producto, permitiendo que se comercialice mejor, se exporte y conserve su valor nutricional y atractivo visual. Esta aplicación en jitomate fue el primer ejemplo de la agrobiotecnología comercial y ahora se aplica también en melones, mangos y papayas.


